¿Control o persecución? por Hernán Akershtein

A raíz de un comentario que Hernán publicó en este blog pidiendo por datos sobre las clausuras en espacios culturales para una nota periodística, pude ver que quien requería información tenía más precisiones sobre el tema -como la cantidad de clausuras efectuadas, y sus motivos- que lo que fue publicado en diversos medios, o haya circulado vía Internet. La nota de investigación fue realizada para el Taller de Redacción Periodística de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, UBA.
El texto se reproduce con la autorización del autor.

¿Control o persecución?
La problemática de las clausuras pos Cromagnon
por Hernán Akershtein

Las clausuras abiertas. El reloj marca las 18, en una biblioteca con más de 200 libros en sus estantes y menos de 10 metros cuadrados Rodrigo, Paul y Fabián, tres chicos menores de edad, ensayan canciones de cumbia con una guitarra y un órgano; en otra habitación cinco nenas bailan encerradas mientras desde afuera varios chicos le preguntan a Gisela Demarco, “la seño”, si pueden entrar pero del otro lado de la puerta se escucha un rotundo “no” de parte de las chicas. Subiendo tres pequeños escalones de madera roída, hay 15 chicos tomando su merienda, sentados en sillas de plástico. En ese mismo ambiente se encuentra la cocina en la que Alejandro Benítez calienta más leche y abre un paquete nuevo de galletitas para los chicos. Están por comenzar las actividades de taekwondo y ajedrez, algunos chicos se acercan a los profesores, otros prefieren seguir revoloteando por toda la casa. Ir a la juegoteca, agarrar pelotas, seguir bailando, merendando o ensayando cumbia. Este es el funcionamiento típico de La casa de la cultura “Compadres del Horizonte”,ubicada en Combate de los Pozos 1986, un día normal, lo único extraño es que desde el 27 de agosto se encuentra clausurada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para las autoridades está clausurada, para todos los demás sigue abierta.
Desde el primero de enero hasta el 25 de octubre del 2006, según fuentes del Gobierno porteño, la Subsecretaria de Control Comunal ya ha realizado 8.411 inspecciones y 425 clausuras a 359 locales, algunos de ellos han sido cerrados en varias oportunidades. Entre los lugares clausurados figuran el Club Atlético Fernández Fierro, el Club Social y Deportivo GON (Garay-Odeón-Neptunia), La casa de la cultura “Compadres del Horizonte”, Centro Cultural El Zaguán, el Club Bien Bohemio. La mayor causa por las que se clausuraron los establecimientos fueron las condiciones de seguridad (106 clausuras), seguidas por la realización de una actividad para la cual el lugar no estaba habilitado (85), la falta de permiso de música y canto (78) y la infracción a la Ley de Patovicas (68).
El 30 de diciembre del 2004 se produjo, durante un recital del grupo musical Callejeros, el incendio de la discoteca República de Cromagnon, donde fallecieron 194 personas y más de 714 resultaron heridas. Este incidente produjo cambios políticos, como la destitución del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Aníbal Ibarra y la asunción de su Vicejefe de Gobierno Jorge Telerman, y cambios culturales como la concientización de la sociedad sobre la peligrosidad de este tipo de locales bailables. El establecimiento no cumplía con algunas normas de seguridad y quedó evidenciado al demostrar que la certificación de bomberos estaba vencida y que la cantidad de público que accedía era mayor al permitido para un local habilitado como clase “c” (1031 personas). A partir de ese momento se dictaron rápidamente dos decretos de necesidad y urgencia en los primeros meses de 2005 y posteriormente se dictaminaron nuevos decretos y resoluciones sobre los boliches bailables. Intentaron hacer más rigurosas las inspecciones para poder controlar la seguridad.
El club GON, ubicado en Pavón 3918, tiene una gran historia que data ya de 81 años de existencia. Comenzó siendo la Sociedad de Fomento Don Juan de Garay, luego de algunos altibajos se tuvo que fusionar con otros clubes del barrio de Boedo, en 1951 con el Club Social y Deportivo Odeón y después en 1968 con el Neptunia Athletic Club. El GON tras la crisis del 2001 logró resurgir como punto de reunión de los vecinos en donde se pueden juntar a charlar, a ver y a escuchar espectáculos. La noche del 17 de septiembre, en la que tocaba un grupo del barrio llamado Manzanas Podridas, fue clausurado por inspectores del Gobierno de la Ciudad amparándose en la reglamentación 1010 que dice que se debe anunciar desde principio de año la programación del lugar y que se puede cambiar con 30 días de anticipación, además se tiene que poseer un contrato de locación de obra con un servicio de ambulancia o servicio médico entre otros requisitos.
El Club Fernández Fierro, ubicado en Sánchez de Bustamante 764, estuvo cerrado por 9 meses porque querían tener todo en orden, cuando lograron hacerlo y reabrirlo fue clausurado porque de una canilla no salía agua caliente (el calefón era eléctrico y el agua demoraba en salir), el personal que atendía la barra no poseía libreta sanitaria y la persona que se encontraba custodiando la entrada no era un patovica autorizado sino alguien del club, violando las leyes 1262 y 1913 que dicen que las personas que trabajan en locales bailables, confiterías como custodios deben estar registrados como patovicas. “Todos los puestos que se cubren en los clubes son por vocación de servicio” cuenta Noemí Onetto del club GON, la gente se acerca a los distintos establecimientos porque tiene ganas de ayudar y no cobra nada por las tareas que realiza.
La ya citada Casa de la Cultura “Compadres del horizonte” fue clausurada en la madrugada del 27 de agosto por inspectores del Gobierno de la Ciudad pertenecientes a las áreas de Fiscalización y Control y Seguridad e Higiene mientras se desarrollaba una actividad nocturna de canto y baile. Según los integrantes de Compadres, ellos cumplían con las normas básicas de seguridad: tienen la instalación eléctrica en orden, matafuegos cargados, carteles de señalización, luces de emergencia y cintas antideslizantes. Ese día los inspectores decidieron clausurar el lugar argumentando que faltaba una cámara de ventilación en el baño de hombres, que no había máquinas expendedoras de preservativos en los baños, que el tablero no poseía contratapa y que faltaba una ventilación arriba de las 3 pantallas que hay en el salón principal.
El negocio de las máquinas expendedoras de preservativos es enorme, en la Argentina existe una sola empresa, Allclean, que provee dichos artefactos y según la ordenanza 51189 del Gobierno porteño obliga a todos los locales que realicen algún tipo de espectáculo o actividad cultural a poseer uno por baño. El precio del alquiler es de 25 pesos, pero multiplicado por todos los lugares que deben tener estas máquinas, el negocio es perfecto.
Esa misma noche, a penas le colocaron la cinta de clausura, los Compadres y Comadres la sacaron enfrente de la policía, que tenía como orden desalojar el lugar. Los uniformados les indicaron que bajaran la música y que finalizaran la actividad tranquilos. Posteriormente a la clausura y tras recibir apoyo de vecinos, artistas, trabajadores de la cultura, grupos de comunicación popular y otros centros culturales decidieron mandarle una carta al Jefe de Gobierno, Jorge Telerman, para pedir la nulidad de la clausura pero no obtuvieron respuesta alguna.
Desde Compadres del horizonte se quejan de que les pidan la habilitación municipal a una asociación civil sin fines de lucro cuando no existe ninguna legislación que encuadre a este tipo de actividades. A su vez denuncian que el Gobierno de la Ciudad está persiguiendo a los pequeños centros culturales que intentan expresar una forma de expresión diferente y que no controlan apropiadamente a las grandes empresas y a los principales dueños de la cultura.
Al observar el cierre sistemático de clubes sociales y deportivos barriales,
teatros independientes, bares culturales y peñas, la red de cultura de Boedo, una asociación que agrupa distintas instituciones y agrupaciones del barrio, organizó un petitorio al que titularon no a las clausuras de espacios culturales. En él llamaban a vecinos, artistas y representantes de agrupaciones barriales a firmarlo para poder presentarlo en el Gobierno de la Ciudad. El primer petitorio, que se cerró el 18 de octubre, obtuvo una adhesión de 150 firmas pero un segundo petitorio, que se va a presentar después del 20 de noviembre, contara con 1000 firmas.
Sostienen que los espacios sociales y culturales cumplen con la función de articular la participación de los vecinos con la producción de los artistas locales en un contexto de valores solidarios y de trabajo en conjunto y que además son constructores de ciudadanía, de participación social, colectiva y democrática. Lo que denuncian es que se pasó de una acción de cierre por las deficiencias que existían en Cromagnon a una política indiscriminada de clausuras. Las multas que se aplican en los establecimientos son de 3000 o 6000 pesos, gastos extraordinarios que los lugares no pueden afrontar. Por eso solicitan la interrupción inmediata de estas acciones.
Creen que no existe una normativa específica para estos centros barriales y pretenden trabajar en conjunto con las autoridades para poder desarrollar las reglas, que deben ser viables para no volver a caer en el mismo dilema. “No queremos confrontar, queremos buscar una solución alternativa porque somos parte de esto” explica Ildefonso Pereyra, integrante de La Red de Cultura de Boedo.
Desde la red creen que con esta política de clausuras lo que ha logrado el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es confrontar a la cultura informal, la cultura popular, la cultura alternativa, la cultura de los barrios. De continuar con esta actitud, quedará tan sólo una cultura, la oficial, en manos de unos pocos empresarios y la cultura popular e independiente dejará de existir.
Del lado del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no quisieron dar respuestas sobre la posible persecución y clausura de los clubes de barrio, centros culturales y locales artísticos, el único medio con el que dialogaron fue con el Diario Clarín al que Federico Peña, Subsecretario de Control Comunal de la Ciudad, les negó cualquier tipo de persecución y replicó: “Hay quienes desean desarrollar estas actividades sin cumplir ningún requisito. Controlamos con la misma actitud pos Cromagnon, pero ahora hay presión para que se ablande la verificación”.
Jorge Devincenzi, periodista que aporta notas para la revista Causa Popular, señala que los inspectores de la ciudad clausuran por las dudas, siempre hay que investigar los casos en particular y asegurarse de que las leyes se cumplan, si estas no sirven habrá que modificarlas. Jorge agrega que en la Argentina recién cuando sucede un hecho de gran envergadura el problema sale a la luz; por ejemplo ocurrió Cromagnon y se clausuran todos los lugares o murieron cinco trabajadores textiles y se descubrieron los talleres clandestinos o volcó un micro de dos pisos y se sorprendieron porque son inseguros.
Guillermo Kellmer, periodista de Clarín, sostiene que se debe llegar a un punto de equilibrio. No tendría que ser la política de clausuras que denuncian las asociaciones, ni el cumplimiento excesivo de las leyes al que se aferra el Gobierno porteño. Si las leyes no son las correctas se deben modificar para que logren adecuarse a las situaciones, respetando la diversidad de lugares (no es lo mismo un estadio que un club de barrio o centro cultural) y priorizando la seguridad de las personas.

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