Entrevista a Paula Shocron – Osadía femenina

SERIE MUJERES DE JAZZ EN BUENOS AIRES*

Para qué decirlo, pero, por las dudas, Paula Shocron paulashocronfoto.jpg
es uno de esos personajes extraordinarios que sorprende, por talento, a quien tenga oportunidad de escucharla. Aquí exploramos su historia, su visión de la música, y su experiencia en torno a qué es eso de hacer jazz en Buenos Aires, también para una mujer.


Hay dos etapas en tu carrera, una en Rosario, de donde venís, y otra en Buenos Aires… ¿Cómo fue la experiencia allá, cómo fue el estudio?
Mis estudios fueron clásicos. Yo empecé muy chiquita, en ese momento no se utilizaba el método Suzuki tal como hoy se lo ve, pero en el lugar donde aprendí ya existía el concepto de audioperceptiva que no es lo mismo que la teoría y solfeo tradicionales. Estuve desde los cinco años hasta los dieciséis en el mismo lugar. Ahí me quemé un poco, me agoté de la rigurosidad de la música clásica porque a veces los docentes con esa formación no siempre le encuentran la vuelta para hacer la enseñanza desestructurada. Porque ese concepto de la música clásica como estructurada no es verdad, lo que pasa es que así se lo toma la mayoría de la gente. El pánico escénico viene de esa estructuración de cómo tiene uno que abordar la obra clásica, cuando en realidad existe ese otro costado que es abordarla desde un lugar totalmente libre, cumpliendo lo que hay que cumplir, interpretando lo que está escrito, pero de una manera personal. Tratar de hacer una cosa igual a como lo hizo otro me dejó un poco agotada, incluso tenía muchos miedos. Las únicas audiciones eran una o dos a mitad y fin de año que se hacían en el instituto o alguna que otra vez en el foyer del Círculo -un teatro muy lindo de Rosario-, y sufría un montón. Era tratar de cumplir con algo que nunca iba a poder cumplir, una sensación de nunca poder llegar a lo que me pedían, por más que no fuera así, pero yo sentía eso.
Cuando tenía dieciséis, a fines del ‘96, dije no voy más, no fui a la audición porque ese día falleció mi bisabuela, y no volví nunca más. Fue como decir punto final, fue un corte grande. El lado de la música popular lo tuve siempre en forma personal, en mi práctica diaria la tomaba como el momento de relax, me ponía a sacar canciones. El comienzo con el jazz fue después de ese momento, dos años después, cuando empecé a engancharme de manera medio autodidacta, porque no tenía mucho contacto con gente que estuviera haciendo jazz en Rosario, y yo no era muy grande. Me empezó la curiosidad desde la ignorancia, yo tenía la base clásica y me puse a sacar cosas, a anotar acordes, y a armar estructuras que de alguna manera empezaron a caminar. Obviamente llegó un momento en que dije: estoy perdida y necesito a alguien que me ayude. Cuando empecé la facultad de música todo el mundo pensaba que iba a seguir piano, pero como quedé tan agotada de la cuestión pianística, pensé que no me iba a aportar nada y que me iba a terminar cansando de la música. Como tampoco me veía en otra carrera me anoté en composición, porque decía, de esto no sé, y todo lo que aprenda va a ser para bien, de hecho lo fue. Si me hubiera anotado en piano habría sido frustrante, me habría matado la carrera.

Yendo más atrás, ¿cómo fue que empezaste a estudiar música en esa escuela?
Era muy común en las casas tener un piano, mi abuela paterna tenía uno, y había mucha apreciación musical, mi abuela era una melómana que se sacaba los abonos de música clásica. Sabía leer y tocaba algo pero era más como las mujeres de su época, que muchas estudiaban música pero sin saber demasiado para qué. Y cuando iba a su casa me sentaba al piano, tocaba cosas, sacaba canciones. Mi mamá, que era maestra jardinera y estaba en el área de expresión corporal y música, me escribía canciones y las tocaba. Mi abuela fue la que dijo “con esta chica hay que hacer algo” y me llevó a un lugar de mucho prestigio que es Promúsica de Rosario. Los primeros años eran tipo jardín de infantes, muy intuitivos, y a los siete años estaba leyendo.

¿Y la facultad?
Ahí era todo nuevo, como ver en detalle la historia de la música, y además paralelamente los estilos, que vas copiando. Vas avanzando en masa en armonía, historia, estética, etc. Es lo más completo, me encontré con mucha música del siglo XX que no conocía. Y a la vez empecé a amigarme y a entusiasmarme con el piano.
En el 2000 empecé a ir a los festivales de jazz que se hacen en Rosario, y fui a escucharlo a Ernesto Jodos. Un amigo que estudiaba con él me alentó para que lo contactara, lo busqué y tuve mi primer clase acá en Buenos Aires, que casi fue la primera vez que vine. Ernesto me empezó a orientar en el estilo, las técnicas, así como había estudiado en la facultad con otro tipo de música. Y también me destrabó físicamente porque estaba con una tendinitis que no me podía mover. Había abandonado el piano complementario de la facultad porque estaba hecha bolsa. Cuando tuve que ir a dar el examen estaba muy baqueteada, y tenía 20 años. Ernesto me explicó qué me pasaba, me dio un libro, me ubicó en una técnica, la Alexander, y también justo venía a Rosario una especialista en el tema. Esta técnica la propuse en la facultad en un trabajo pedagógico, para incluirla en la formación musical. Hablando con unos amigos colombianos me dijeron que en Bogotá la técnica Alexander es una materia. Ernesto fue como una especie de ojo clínico, lo cual valoro muchísimo, fue muy acertado. Mejoré mucho más la postura, y me amigué corporalmente con el instrumento a fuerza de haber hecho técnicas corporales, más que estudiar una técnica pianística. Eso yo se lo agradezco a Ernesto quizás más que el estilo y el lenguaje jazzísticos, tantos profesores dando vueltas y ninguno me supo decir bien qué me pasaba.
A Buenos Aires venía una vez por mes a tomar clase, desde febrero hasta fines del 2001. Y en el medio toqué por primera vez en el Festival de Rosario, en un grupo que me llamó para reemplazar al pianista. También había tenido una etapa de investigación personal, y tenía un grupo con el cual tocaba bastante en boliches, y estaba en otro grupo de rock medio spinettoso en donde tocaba el teclado. Grabamos, tocamos en la Sala Lavardén, en boliches de la costa. Pero no fue una etapa muy larga.

Fue un proceso un tanto rápido, ¿no?
Recién ahora me empiezo a dar cuenta de eso, empiezo a ver huecos, en donde las cosas se dieron un poco aceleradamente y no se cubrió todo lo que se tenía que cubrir. Estoy tratando de rellenar esos huecos como cuestiones musicales, tocar en grupo, o los discos escuchados, por ejemplo. Está bueno saber en qué estilo estás, y qué estás escuchando. Me ha pasado de sentirme super avergonzada por no saber de un músico, o no conocerlo tampoco de nombre. Y me dije, eso no puede pasarme más.
Me empiezo a fijar en mayores detalles de la tocada en sí, la interacción, de cómo a veces uno ve la tocada desde uno y no desde el grupo. Una tocada puede parecerte horrible porque vos no tocaste lo que querías, pero por ahí la tocada estuvo buena, es empezar a separar eso y ver cómo funciona el grupo en sí y no la individualidad, porque para eso toco sola. También no llevo tanto tiempo tocando en grupos de jazz…

No se nota…
Quizás me refiero a sutilezas del manejo grupal. También me sirve mucho estar dando clases, más allá de las particulares que vengo dando hace mucho, y estar en el conservatorio y dar clases en algún ensamble. Te permite escuchar desde afuera, porque estando adentro uno percibe todo un poco turbio porque uno está involucrado con su música.

>¿Qué pasó después de tocar en el primer festival?
Fue como un empujón. Una vez que vine a una clase con Ernesto me dijo que había un festival en Lomas de Zamora y que fuera. Fuimos solas con una amiga, nos tomamos el tren y no sabíamos para dónde estábamos yendo. Lo escuchamos a él en el teatro y nos habíamos quedado sin tren para volver, entonces Ernesto nos dice que fuéramos a una jam que había después y que nos traía de vuelta a Capital. Y fue la primera vez que toqué en una jam, y encima en frente de todo el mundo que estaba ahí. Ahí la conocí a Ada Rave, que ahora somos amigas, y dije “uy, una mina”, como si fuera un bicho raro, y ella debe haber pensado lo mismo de mí.

¿Vos percibías algo especial por el hecho de ser mujeres?
No, no…. más allá de vernos como bichos raros. Después me la crucé en un seminario y tomamos teléfonos. Y empecé a conocer muchos músicos que estaban en la misma que yo, y empezaron las juntadas acá, yo venía a las clases y a las sesiones en las casas de los músicos, y después me llevaban a las jam. A fines del 2001 audicioné para los tour de la Berklee de Boston, y cuando estaba rindiendo los tipos me preguntaron si me podía ir para allá con una beca y les dije que no; después me llegó una carta con una beca de una suma importante, que fue una forma de alentarme para seguir en la mía. Como venía la mano en diciembre de ese año no me fui a ningún lado pero la beca fue un empujón. También había aplicado para ir a Amsterdam pero estaba el tema de la legalidad, que tenías que tener una cuenta en euros…
A partir de ahí, Marcelo Gutfraind, que da clases en la Berklee, se enteró de eso y empecé a ir a juntadas con él, que hoy en día es el cuarteto que se fue armando muy de a poco, yo venía una vez por mes. Juntadas, jams, después surgieron las tocadas en vivo.
Fue todo rápido pero natural, mientras estaba estudiando en Rosario tenía cada vez más cosas acá, y venirme a vivir a Buenos Aires fue algo en lo que desemboqué, no algo que tuve que forzar para venir y estar perdidísima, no, vine porque ya no daba más estar en Rosario. Prácticamente no estaba tocando con los grupos que había armado allá, y cuando terminé la carrera me vine. Igualmente vivir acá no es lo mismo que vivir allá y en la casa de tus padres, y empezar a bancarse solo, y entender que una cosa es el crecimiento musical y otra el laburo. Recién ahora estoy empezando a acomodarme, hubo momentos en que pensé que me tenía que volver.

Esto que contás es llamativo, porque gente de generaciones anteriores y especialmente mujeres solían tener dificultades para llevar adelante los proyectos…
¿Vos decís por el hecho de ser mujeres?

No necesariamente, por ahí tiene que ver con una época, más allá del talento, por supuesto…
Sin poner en juicio lo musical, la actitud tiene que ser ponerse cara de músico, no de otra cosa. Después cuando uno ya está instalado te podés relajar un poco más. En ese momento yo venía a Buenos Aires a tocar, no había otra cosa en el medio. Porque a veces, yo soy mujer y me hago cargo de eso, las mujeres nos confundimos, y estando en un ambiente todo rodeado de hombres, es como se empiezan a mezclar las cosas y empiezan las inseguridades, el machismo…

Vos lo resolviste así… ¿qué quiere decir poner cara de músico?
Sin género, una persona músico, y listo. Es más, en tanto tiempo nunca tuve un problema con nadie, a lo sumo alguno que otro decía “uy, una mina, y toca bien…”. Yo no tuve inconvenientes, pero veo mujeres que lo padecen, y se sienten muy inseguras. Es usar la cara de la profesión, no me mires, si querés me visto de invisible… o con una capa (risas).

Es complicado también…
Si una es mujer es mujer, y tiene las cosas de mujer, creo que fue como un mecanismo de inserción para poder meterme en el ambiente. No fue a conciencia, yo lo hacía sin dudar. Ahora estoy super relajada, ahora ya está. Incluso nadie me dijo “parecés un hombre”.

Pero alguna vez te dijeron “tocás como un hombre”…
Eso me parece chistoso. Con lo que tenemos una vez por mes ya somos completamente diferentes, tenemos emociones diferentes, sentimos diferente, la forma de vivir una misma cosa es completamente diferente para un hombre y una mujer. Y eso se traduce en la música, aunque no te lo pueda precisar con mucho detalle. Escucho a algunas pianistas mujeres y escucho que son mujeres, no sé si tendrá que ver con cierto tipo de toque o un cierto tipo de audacia. Como permitirse ir un poco más allá de lo que se controla. Me estoy arriesgando también al decirlo, no estoy muy segura. Pero a veces siento eso, será que las mujeres a veces se pueden sentir un poco más despreocupadas, y pueden arriesgar más, sin sentirse comprometidas por ser mujeres, porque si son buenas o algo buenas, está perfecto, si son malas, son mujeres. Es un concepto un poco machista también, pero tiene esa cosa histórica. Es como no sentirse tan atada a una estructura o al estilo propiamente dicho. Todas las mujeres que conozco –salvo aquellas que son más tradicionales en su forma de tocar- son bastante osadas. Lo veo incluso en mis referentes femeninas de otras generaciones, de una generación anterior, e incluso las que han estado en el free jazz, que ahora son mujeres de setenta años.

>¿Pensás que tiene que ver con el hecho de que se trate de jazz?
No, hay mujeres destacadas en todos los ámbitos. Supongo que se pusieron también la cara de la profesión y no les importó nada lo que han dicho de ellas. Es una actitud de esta época, más allá de los movimientos feministas. Justamente el jazz es bastante machista. Si alguien te dice “tocás como un hombre” te está diciendo “esto es cosa de hombres”.

Por ahí te estaban diciendo también “tocás como un músico”, lo que no deja de ser horrible…
Igualmente hay grandes mujeres en la historia del jazz que demuestran lo contrario y aspiran a más todavía, y son super innovadoras. Lo que noto es que los músicos de mi edad, los que están alrededor de los treinta años, están mucho más abiertos, ya se toman con naturalidad a las mujeres músicas, aunque sean mayoría las mujeres cantantes. Hay muchas mujeres músicas que están laburando pero no se exponen mucho.

¿Y cómo fue la experiencia con Ada Rave y Daniela Horovitz?
Estuvo buenísimo, fue como unirnos las tres al poder. Igual íbamos a lugares muy diferentes, lo que nos fue disolviendo como formación musical, pero a nivel personal somos las tres amigas. También es difícil. Hay como una especie de machismo instalado, que hace que las mujeres nos comportemos entre nosotras de determinada manera. En la cuestión profesional se generaban algunas trabas. Con los hombres es más simple. Resuelven la cosa más fácil, está todo claro desde la entrada, si te gusta bien y si no andate, pero tampoco es todo color de rosa. Todos los grupos que he escuchado de mujeres tienen bastantes problemas, y se disuelven por fallas en el funcionamiento, más allá de que musicalmente estén muy bien. Mucho ciclo menstrual junto tiene demasiadas hormonas (risas). De hecho participé en una experiencia que estuvo muy buena, una obra que se llamó Olimpia, la pasión de existir, de una directora española -ella y la productora pertenecen al movimiento feminista-, en donde éramos casi todas mujeres. La dirección musical estaba a cargo de Carlos Cutaia y yo grabé la música. Me llamaron a través de él porque necesitaban una música mujer. Fue toda una experiencia hacer algo en donde éramos todas mujeres, artísticamente estuvo muy copado.

¿Y ahora cómo van las cosas?
Este fue el año de la presentación del disco en cuarteto, lo seguiremos tocando ya con otros temas, y está en mis planes grabar el trío con Carto Brandán y Jerónimo Carmona. Ahora se me está abriendo el costado laboral, estoy tratando de ampliar horizontes, y eso de alguna manera implica un parate musical, es difícil trascender la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal. Estando en Rosario tuve oportunidad de tocar en otras ciudades y provincias, incluso desde acá también, y me gustaría ir a diferentes lugares y abrir para afuera, aunque sé que eso lleva mucho tiempo y mucha paciencia. Estoy en eso.

¿El premio Clarín sirvió de algo?
Me sostiene la puerta -dijo, agachándose y corriendo la cortina para mostrar el trofeo que previene de los golpes que el viento puede ocasionar a la gran ventana-.

 

       

* Material de trabajo para el artículo “Mujeres de jazz en Buenos Aires”, por Berenice Corti, presentado el 11 de enero de 2007 en el IV Congreso de la Sociedad Chilena de Musicología, “Música y Mujer: una mirada interdisciplinaria”.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

One Response to Entrevista a Paula Shocron – Osadía femenina

  1. Soy americano y canto con un excelente pianista argentino de jazz. Este pianista ofrece su acompañamiento a más cantantes pero a me interesa cantar con un solo/una sola pianista más que tiene un nivel similar a acompañarme. Tengo una página Web donde se puede escucharme: http://www.soundclick.com/bands/default.cfm?bandID=788392 y pido a su respuesta. Saludos cordiales, Paul Thompson-Lenz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s