A modo de balance: cromañón, el festival de jazz y la nueva gestión

Ayer, 30 de diciembre. Un nuevo aniversario de Cromañón.

Eduardo Fabregat escribió una muy buena nota en Página 12 sobre la escena del rock. En su blog Pan y Circo se reproduce el texto.

También encontré en el blog del músico de tango Walter Abadie una reflexión actual sobre el tema. No dista mucho de lo que dijimos hace más de un año atrás en las Jornadas Nuevos Intermediarios Culturales de la UBA. Abadie llama la atención también sobre el cierre del Bar Teatro Tuñón. El paso del tiempo empeora las cosas.

Mientras tanto, desde el nuevo gobierno de la Ciudad, y en medio de fuertes cuestionamientos a los lineamientos dejados ver para la gestión cultural, se apuró el lanzamiento de las ediciones 2008 de los festivales de tango y jazz. “La dirección artística va a estar a cargo de especialistas”, se dijo.

Ayer se publicó en Clarín una entrevista a los ungidos. Gustavo Mozzi -(¿aún?) a cargo del área música del Centro Cultural Ricardo Rojas y ex funcionario de la Dirección de Música de las anteriores gestiones culturales desde tiempos de De la Rúa en la ciudad (al menos en lo que yo recuerdo)-, asume en Tango, y el músico Adrián Iaies en el Festival de Jazz.

Por lo que he podido leer, Iaies tiene varios proyectos en carpeta tales como la inclusión de obras originales encargadas especialmente a artistas como Mariano Otero, Enrique Norris y Pepi Taveira, la intención de ubicar al festival vernáculo en la agenda internacional (léase europea y estadounidense), llevar el festival a salas de concierto, concitar una mayor participación de los clubes, entre otros.

Que Iaies tenga criterio artístico es indiscutible, lo compartamos o no. Pero puede haber más de un criterio posible, de la misma forma que hay más de un criterio de gestión en cuanto a dónde, con quién, y para quién se realiza el Festival. Al respecto, ya vimos uno importantísimo organizado por Cultura de la Nación, en tiempos de Lopérfido, realizado en los lagos de la patagonia para unos cuantos turistas y aquellos privilegiados que pudieron costearse el pasaje.

Dudo profundamente de la capacidad (o la intención) del gobierno de Macri por producir los cambios culturales que se hagan cargo, por caso, de los problemas planteados al inicio de esta nota. O de la democratización del arte para revertir este proceso de elitización en donde el jazz parece ser ícono, aunque sepamos que no lo es. Como dice Eduardo Galeano, el jazz es la más libre de las músicas.

Le deseamos mucha suerte a Adrián. Pero también, en contrario a lo que dice en la entrevista, que sea conciente que está trabajando para Macri y el (ex sushi) Ministro de Cultura porteño Lombardi.

Todavía hoy se puede optar entre un criterio u otro, la cultura como negocio o la cultura como cambio social.

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