Nuevo CD "Reunión" de Pepi Taveira

Fuente: DoctajazzFederico Monjeau para Clarin

Un jazz sin fronteras
En un notable disco con composiciones propias, el baterista argentino se luce junto a Enrique Norris, Jerónimo Carmona y Pablo Puntoriero. Reunión es el último disco de Pepi Taveira, en un cuarteto que completan Enrique Norris en corneta, piano, órgano Hammond y percusión, Pablo Puntoriero en saxos alto y tenor, flauta y percusión y Jerónimo Carmona en contrabajo. Además de batería, el set de Taveira incluye bolón, balafón, mbira y percusión.

El álbum tiene, en efecto, más el aspecto de una reunión de músicos notables que de algo perfectamente elaborado y cerrado. Esto no quiere decir que el disco sea disperso. Al contrario, se advierte una profunda conexión, una antigua sintonía. El segundo tema -más precisamente, la primera parte de la segunda banda, que está formada por tres temas sin interrupción- parece un concierto de lobos marinos; como unas voces prehistóricas que se desperezan, cálidas y quejumbrosas (el contrabajo con arco se suma al coro en los extremos del registro). Hay una especie de calor animal, y algo de ese clima se proyecta sobre buena parte del disco.

Hay también un elemento de prehistoria instrumental: el sonido de un viejo órgano Hammond, que en el primer tema del álbum (el que da nombre al disco) se oye como una forma residual y a la vez exasperada. Hay algo intenso y extremo en este disco, y Taveira lo asume gráficamente desde el título de una de las piezas, Descanso, un auténtico remanso. Su sentimiento lírico es acentuado por el arcádico sonido de la flauta, más un piano que se columpia sobre las armonías y desgrana dulcemente su fraseo a la manera de Satie, mientras la percusión aporta el único momento convencionalmente “climático” del disco, con palo de agua y otros accesorios igualmente inconvenientes.

El disco recorre diez temas distribuidos en siete bandas. La unión de algunos temas (tres por un lado y dos por el otro) revela el gusto de Taveira por formas transicionales que evitan fijar con claridad cuando termina una cosa y empieza la otra. Hay por momentos un efecto de sobreimpresión que se traduce en una música en varios planos, como en la hermosísima Plegaria, de Taveira y Norris, escrita sobre una breve frase en forma de pregunta y respuesta. El borramiento de fronteras alcanza no sólo los finales y comienzos de algunas de estas piezas, sino también la identidad misma de la música: nadie diría que no es un jazz verdadero, y nadie podría asegurar que es un jazz de género.

Pepi en la clínica organizada por Docta Jazz

Nota al pie de la editora de este blog:

Dice el periodista: “otros accesorios igualmente inconvenientes” (?). Se nota que desconoce la trayectoria de Pepi en cuanto a la utlización de elementos de música africana en la suya propia, por lo que no podría calificarse de “inconveniente” (¿para quién?) una elección estética, a mi entender, tan importante y constitutiva de este artista.

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