Entrevista en Clube de Jazz -Brasil-

El domingo pasado salió publicada una entrevista que me hizo Wilson Garzon, del portal Clube de Jazz.
Lo que sigue es su transcripción:

El Jazz en Berenice Corti

Nessa entrevista, Berenice Corti conta sua trajetória jazzística: como produtora do Jazz Club, como pesquisadora e historiadora e como blogueira no Jazz Club Argentina (jazzclub.wordpress.com).fot-wilson

 11/01/2009 – Wilson Garzon

Wilson Garzon – Contános un poco de su formación musical y sus primeros contatos con el jazz
Berenice Corti – Mi formación musical es un tanto ecléctica y poco sistemática. Crecí en una familia dedicada a la música académica, mi madre era cantante lírica profesional en el Teatro Colón de Buenos Aires y mi padre amateur, en el Coro de la Asociación Wagneriana, coros de zarzuelas y óperas… Así que cuando quise aprender música la única opción era la formación clásica, que nunca terminaba de convencerme. Un poco de piano, música barroca en flauta, algo de canto con técnica lírica… Ya grande me animé con el clarinete jazzístico, que me entusiasmó muchísimo, pero me era muy difícil compatibilizar el estudio con el manejo del club… así que una cosa fue reemplazando a la otra.

Al jazz llegué buscando una música que superara los límites que claramente mostraba la música de mi juventud, el rock. La respuesta a esto estaba en la improvisación, en la propulsión rítmica, el swing, la gran variedad de matices, de estilos, la técnica, en fin, todo lo que amamos del jazz. Y así fue cómo un pianista de música docta, amigo mío, me habló de Monk, y me compré un primer compacto de Thelonious de solo piano, y me encantó, me transportó a otro planeta. Luego seguí con Parker, Coltrane, Ella Fitzgerald, y un músico me iba llevando a otro, el camino es interminable.

WG – Como fueran los tiempos de productora cultural dirigiendo el “Jazz Club”? Quienes solian actuar allá (músicos/grupos)?
BC – Esa época fue muy intensa porque el Jazz Club vino a ocupar un espacio que se encontraba vacante, y que, por otra parte, nadie quería ocupar. Los noventa fue un momento muy terrible, porque a nadie se le ocurría que se podía emprender algo que no arrojara una ganancia considerable. Fue tanto así que algunos de los pocos espacios que quedaban en donde se tocaba jazz hacían cualquier cosa, no les pagaban a los músicos, los maltrataban, les cancelaban conciertos si aparecía otro más rentable, en fin… Entonces yo me propuse revertir eso, y que La Música (con mayúsculas) se convirtiera en lo central de un boliche. Hoy eso puede sonar raro, pero creo que en su momento era un desafío y lo logramos. Naturalmente esto acarreaba algunos problemas económicos, porque muchas veces se programaban conciertos estupendos que no tenían gran convocatoria. Esos artistas hoy llenan clubes y hasta teatros, y eso me da gran satisfacción, porque sé que el Jazz Club aportó lo suyo.

También tocaban otros músicos ya más conocidos como Javier Malosetti o Mono Fontana, o de otra generación como Héctor López Fürst o Rubén Barbieri, pero que igualmente a fines de los noventa no tenían demasiado espacio. También las jam session fueron muy importantes, porque constituían todo un evento dentro de la programación, lo mismo que la Big Band que dirigió Ariel Goldemberg, que resultó la única orquesta estable de jazz en esa época, y sin soporte económico, por supuesto, más que la venta de entradas. De todas formas creo que el Jazz Club es recordado porque allí confluyeron muchos músicos de toda una nueva camada, como Escalandrum, Ricardo Cavalli, Ernesto Jodos, Pepi Taveira, Hernán Merlo, Guillermo Bazzola, Beto Caletti, y muchos más. También teníamos una copiosa participación de cantantes (que hoy falta) y una gran variedad de estilos. Es decir, se programaba con criterio estético y artístico, intentando ofrecer un abanico de opciones todas de gran calidad para que el público se acercara al jazz y conociera y apoyara a los artistas argentinos y sus propuestas. Lamentablemente la crisis económica nos golpeó duramente (como a la gran mayoría) y tuvimos que cerrar el club en el año 2000.

WG – Que te ha llevado a crear el blog “Jazz Club Argentina”? Cuanto tiempo hace que está activo? Hicieron cambios a lo largo de este tiempo?
BC – Un año después quise empezar a recuperar esa experiencia, en una época muy difícil para el país. Comenzamos con un portal web para concentrar información sobre la actividad jazzística, ya no de Buenos Aires solamente sino de toda la Argentina. En el 2002 participamos en un programa en Radio Nacional, entrevistando músicos y difundiendo su producción (tanto la inédita como la olvidada o la recién editada). Luego retomé la programación de conciertos con un ciclo en el Centro Cultural Konex, durante tres temporadas, con el desafío de proponer alta calidad (el lugar tenía muy buena acústica, algo raro en Buenos Aires para el jazz de entonces) y en formatos reducidos. Hubo conciertos memorables, con un cuidado estético importante y toda una cosa de ceremonia, era impactante poder escuchar al final de la sala cómo el contrabajista, por ejemplo, cantaba en susurros el solo que estaba tocando. Horacio Larumbe y Rubén Barbieri dieron algunos de sus últimos conciertos de jazz allí.

En el 2004 organizamos un festival auspiciado por una empresa de internet, el gran logro fue que se hizo con entrada libre y gratuita, y fue muy masivo para lo que solía ser el público de jazz. Así que la idea era confluir finalmente en un nuevo club, lo que intentamos hacer en 2005. La experiencia fue fallida, lo que me hizo replantear prácticamente todo, no solamente lo profesional. Lo del blog fue entonces una manera de permanecer en contacto, generando un espacio para el proceso de reflexión que inicié sobre lo vivido como productora artística y cultural, y que naturalmente me llevó a formular preguntas más amplias.

WG – Contános sobre su trabajo académico como investigadora e historiadora musical.
BC – En 2006 comencé mi tesis de licenciatura sobre el jazz argentino, retomando algunas cuestiones que se venían hablando sobre todo en la prensa y también por parte de algunos músicos, relacionadas a la inclusión de elementos de música popular argentina en las nuevas composiciones jazzísticas, y a si se podía hablar de una cierta “identidad” del jazz argentino. Las conclusiones de la tesis fueron presentadas en el VIII Congreso de Estudios en Música Popular, Rama Latinoamericana, que se realizó en Lima en 2008.

Paralelamente fui abordando algunos temas que eran de mi preocupación desde la época del Jazz Club, como el espacio artístico del jazz, los problemas de la discografía independiente, las políticas culturales en música, o temas que fueron apareciendo con un brillo propio, como el jazz hecho por mujeres, el jazz latinoamericano, o el jazz de los sesenta en Buenos Aires. La cuestión de lo afro en el jazz me pareció tan relevante que se convirtió en el tema de mi próxima tesis de maestría. Toda esta producción, además de presentarla en congresos académicos, la vuelco en el blog con la esperanza de que llegue a las personas de las que hablo, o a las que les pueda resultar interesante.

WG – Que hay de positivo y negativo en la producción cultural del jazz argentino (festivales, grabadoras, jazz clubes y intercambios)?
BC – Sería un poco imprudente de mi parte hablar del circuito estando fuera, sobre todo porque en general soy bastante crítica. Pero en líneas generales creo que los problemas que pueda estar pasando el jazz en estos momentos se relacionan con los problemas de la cultura en general. De alguna forma la cultura se ha vuelto un objeto de consumo, y en función de esto se lo programa, se lo diseña, y se lo hace intervenir en la política. Yo conocí al jazz como una música de creación, de crítica, de cuestionamiento. No es sólo un producto meramente estético, también es una práctica cultural (con sus herencias y proyecciones), un impulso vital, y un espacio para lo existencial. Creo que no hay mucho espacio para eso hoy día, o al menos así parece, tanto en los circuitos cool como lo que se impulsa desde el Estado. Hay excepciones, claro, y siempre estoy atenta a lo que está pasando.

WG – Hablando del jazz contemporaneo en Argentina, cuales son los músicos y grupos que para ti aparecen con destaque?
BC – Uy, son muchísimos… Es difícil elegir. Puedo decir qué me gusta más a mí, pero es sólo una visión personal, nada más. Me encanta toda la trayectoria de Pepi Taveira, pero tiene que ver con mi afinidad con lo afro (cosa que Pepi, creo que sin saberlo, ayudó a cultivar). Carlos Lastra me parece un músico excepcional con una pasión y una energía que no te deja indemne. Escalandrum es de una riqueza que parece no agotarse. Hay tantos… Paula Shocrón, la Orquesta de Mariano Otero. Entre las últimas placas, me gustaron el homenaje de Ernesto Jodos a Lennie Tristano y el de Rodrigo Domínguez a Spinetta. Definitivamente prefiero la cosa más sanguínea, porque siento que paradójicamente es la que puede volar más alto.

WG – Que es necesario para aumentar la integración del jazz en Latino América?
BC – Supongo que conocerse, en primer lugar. Lamentablemente en nuestros países, durante mucho tiempo, se propició la relación bilateral – y dependiente- con las metrópolis, tanto en sus aspectos económicos como culturales. Y no nos damos cuenta que hay todo un mundo de experiencias, con sus similaridades y diferencias, que están muy cerca nuestro, y que representa un sinnúmero de posibilidades creativas, culturales, y también económicas para nuestras sociedades. Esto no quiere decir que nos olvidemos de Europa o los Estados Unidos, sino que trabajemos desde nuestra latinoamericanidad, por decirlo de alguna manera. Podemos empezar por ensayar alguna actividad conjunta, o enmarcar las ya existentes. Como está demostrado con la labor de Clube de Jazz en Brasil, u Holojazz en Chile, la web es una excelente herramienta.

WG – Cuales son tus próximos proyectos?
BC – Estudiar, en primer lugar. También estoy tratando de recuperar material del Jazz Club, en video, audio e imagen, para conformar un archivo del jazz de la época en Buenos Aires. En este año planeo concluir mi tesis sobre lo afro en el jazz argentino: el estudio de la cultura de raíz afro en la Argentina es un campo de investigación que siempre constituyó una deuda y desde hace algunos años se está empezando a saldar, y me interesa bucear qué rol juega el jazz en ésto. Me gustaría publicar algo. Y por lo demás estoy abierta, la investigación es una aventura que no se sabe adónde te puede llevar. ¿Es como el jazz, no?

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