Rubén, el hermano, o la posibilidad argentina

Nota publicada en el número 1 de LivingJazz en papel, abril/mayo de 2011.

Por Berenice Corti*

En una de las últimas presentaciones del Gato Barbieri en Buenos Aires –es probable que en la de 1999 en el Gran Rex- el saxofonista invitó a su hermano Rubén a subir al escenario. El público estaba plagado de melómanos y seguidores del jazz argentino, por lo que fue recibido con una ovación. Para Rubén, trompetista y hermano mayor del Gato, fue una de sus mayores satisfacciones.

Habían comenzado juntos su carrera desde la Rosario natal, y así continuaron hasta los sesenta recorriendo orquestas, las sesiones del Bop Club y la fundación de la agrupación Nuevo Jazz, esa notable formación que “militaba” el jazz dando charlas y conciertos gratuitos en reductos barriales y tangueros, en los movidos años sesenta. En 1962 Rubén compuso los temas y cointerpretó junto a su hermano la banda de sonido de la película El Perseguidor de Osías Wilensky, basado en el cuento homónimo de Julio Cortázar y con Sergio Renán encarnando a Johnny Carter. El escritor consideró que esa música había sido un verdadero homenaje a Charlie Parker.

Luego el Gato partió hacia el exterior, el free jazz, la fusión y una carrera internacional. Rubén se quedó acá. Tocó en el pionero LP Jazz Argentino de Baby López Fürst (1967) y en la Suite Trane (1968) de Alberto Favero. Participó de la huelga de músicos organizada sindicalmente en 1971 para que los piringundines del Bajo porteño pagaran la tarifa sindical.

Tras el golpe militar se recluyó en el placard de la vida privada, como decía el Chivo Borraro. Daba clases particulares y redondeaba con un quiosco de golosinas. A fines de los ochenta integró La Banda Elástica, esa fantástica orquesta que dirigió Ernesto Acher, y desde los años noventa se presentó sólo con su trío: “nosotros no ensayamos con los muchachos (Hernán Merlo en contrabajo y Armando Alonso en guitarra), conversamos en el bar de la esquina antes de tocar, hablamos de la música”.

Tengo mucho que agradecerle a Rubén. De las charlas con él me surgió la curiosidad por las historias veladas del jazz argentino. Y de sus últimos y bellos conciertos, teñidos por la sensibilidad de quien ha vivido, comprendí –si es que puede usarse esa palabra- lo que es saber de qué se trata cuando se toca jazz. Falleció el 17de marzo de 2006 a los 77 años.

Los datos aquí vertidos forman parte del artículo “El Mono, el Chivo, y el hermano del Gato: la modernidad del jazz de los sesenta en Buenos Aires” (2007).

*Investigadora en música y cultura. Fue productora independiente de conciertos de jazz.

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