Estilo

Columna publicada en la revista LivingJazz Nro. 2 en papel, junio/julio 2011.

Existe cierto consenso acerca de que una de las características más sobresalientes de la ejecución musical en el jazz es la capacidad de los artistas para imprimir un estilo personal a su música, cuestión tanto más evidente que en la llamada música académica o erudita. Esto es así porque el músico de jazz tiene a su disposición todos los materiales y recursos para ofrecer su visión personal de una obra, pero también porque el estilo del discurso es más importante que una interpretación adecuada a un compositor. Es tan relevante lo que trae el músico a esa obra como lo que la obra encarna como receptáculo sucesivo de diferentes interpretaciones. Tocar jazz implica, entre otras cuestiones, manejarse en el fino equilibrio entre innovación y tradición.

En nuestra tendencia a leer la historia sólo a partir de lo que nos fue contado pensamos que el estilo es una distinción del jazz. Sin embargo, podemos leer en el importante etnomusicológo John Chernoff*: “la gente está interesada en la calidad especial de una performance dada, y prestan atención al toque distintivo de un músico que caracteriza con su personalidad al evento, a través de su rol central en él. Cultivan esa clase de refinamiento crítico porque el estilo de una performance es un asunto de gran significancia. La improvisación no descansa tanto en la génesis de nuevos ritmos como en la organización y forma que se dan a los ritmos ya existentes, y el estilo de un músico para organizar su ejecución indicará su approach a la responsabilidad de su rol desde su propia mente”. Si bien Chernoff se está refiriendo a prácticas musicales contemporáneas del norte de Ghana, son fácilmente intercambiables los sujetos de su relato por las figuras de los músicos y el público de jazz.

Cuando Miles Davis está hablando de estilo se está refiriendo a todo esto. Aunque también a la forma en que se podía desarrollar ese estilo más allá de la música, dentro de una sociedad racista que miraba con recelo a los músicos negros que trascendieran, ganaran dinero o frecuentaran mujeres blancas. Como lo supo Charlie Parker primero, Miles, o Dexter Gordon después, sólo en determinados círculos intelectuales europeos los jazzistas podían ser considerados artistas.

Es por eso que estilo, en este caso, no está refiriendo a un tipo de consumo, aquél que de tan difícil acceso termina por pretender que se trata de una distinción determinada por un supuesto gusto.

Se trata más bien de una forma estética y ética de vivir la vida, en donde lo bello y lo bueno pueden ser las dos caras de una misma moneda.

**“Autor de “Ritmo africano y sensibilidad africana. Estética y acción social en los idiomas musicales africanos”, 1979.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Jazz y Cultura y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s