Milagros de jazz en el Conurbano sur

Columna publicada en la sección Espectáculos del Diario Tiempo Argentino, el 29/11/2015.

MÚSICA POPULAR

Milagros de jazz en el Conurbano sur

29 de Noviembre de 2015 | 12:00

 

En el ex tren Roca los pasajeros habituales solemos encontrarnos con un vendedor de discos editados –no truchos- que de tanto en tanto nos trae sus ofertas. Una vez lo escuché voceando CD de “orquestas como las de los festejos del Bicentenario”;  hace poco estaba vendiendo una colección de blues con el siguiente argumento: “los músicos en los que se inspiraron las grandes estrellas de rock como los Rollling o Zeppelin; de la zona del Mississippi, la más castigada por la segregación racial. Veinte pesos, la clase de musicología va gratis”.
Este recurso de ventas podría resultar antojadizo si no supiéramos que existe un romance de años entre la música que solemos llamar “negra” y la zona sur. Para muestra, basta el botón del “Avellaneda Blues” de Manal. Pero en materia de jazz también se cuecen garbanzos de truco. Ya son varias las generaciones de músicos de jazz argentino que se nutren de los tres cordones australes: algunos son grandes artistas muy admirados por mí, varios son mis amigos también.
Quizás haya tenido que ver con que a mediados de los años setenta, en una fraccionadora de azúcar de Banfield, se reunieran a zapar por puro gusto –pizzas, se las llamaba entonces; jam sessions, decimos hoy– músicos como Hugo Díaz, Domingo Cura, Oscar Alem, Alberto Cevasco, Eduardo “El Negro” Lagos y Lucas Di Salvo. El alma máter era Francisco Yobino, promotor luego de los legendarios –y no menos exclusivos– festivales de jazz de Punta del Este.
O tal vez, en el otro extremo del imaginario de clase que parecería satisfacer el jazz, con el hecho de que la escuela de música popular más antigua de Latinoamérica, la EMPA de Avellaneda, destine un tercio de su oferta académica de la Tecnicatura en Música Popular al género jazz, junto con el tango y el folklore. Con casi 30 años de existencia, la EMPA vuelve a hacer escuela en materia de política cultural y educativa inaugurando en estos días un flamante edificio, el primero en su tipo construido con ese fin.
Lo cierto es que un circuito que ha ido creciendo y sosteniéndose con el tiempo tiene ya varios puntos de convocatoria. El Banfield Teatro Ensamble, con su ciclo de jazz de los domingos a las 21, espacio que presenta además anualmente su propio Festival con entrada libre. Este año el evento se realizará entre el 15 y el 29 de noviembre, como siempre en Larrea 350, Lomas de Zamora. Participarán Hernán Merlo -de Banfield-, Ernesto Jodos, Hernán Jacinto y Escalandrum, entre otros.
El Club de Música y Artes Deshoras, frente a la estación de Burzaco, mantiene desde hace tres años ciclos culturales en donde se destaca el jazz, con agrupaciones que en gran medida emergen del mismo sur. Su mentor es el músico Ernesto Stilman, egresado de la EMPA.
También en Almirante Brown, el Espacio de Debate & Cultura La Casa de Claypole, en Colet 1021, desarrolla una extensa actividad. Es fruto del trabajo de una asociación de vecinos que entiende la cultura como un proceso de construcción social, en el marco de la reflexión y la acción colectiva. Por eso, no es de extrañar que se encuentren estrenando un documental sobre el ciclo de jazz que produjeron allí en los años 2012 y 2013, un ensayo fílmico sobre su propia y particular experiencia de producción: músicos visitantes que “se sortean” entre los vecinos para ser albergados, entradas que se venden en los comercios del barrio, el disfrute de la música que–suele decirse– es para otros.
La premier fue el 16 de octubre en el teatro de La Casa, repleto de vecinos y amigos, a donde fuimos con el músico Pablo Tozzi –de Avellaneda– y el periodista Hugo Montero de la revista Sudestada. Se trataba de hilvanar algunas reflexiones posteriores a lo que íbamos a ver. En mi caso, no pude balbucear más que alguna idea inconclusa porque la película me pasó por arriba. No sólo por la belleza de las imágenes y de la banda sonora, articulados en un contrapunto de mundos aparentemente antitéticos: el barrio, el ferrocarril, los vecinos, los perros de la calle; los músicos de jazz, argentinos y extranjeros, del Conurbano sur y del “centro”; la música sofisticada y bella, el escenario y las luces, los charcos de los pavimentos baratos, las casas pobres.
Impactó también porque esa aparente dicotomía cultural puede encontrarse, a modo de círculo recíproco como el que describe Carlo Guinzburg sobre Bajtin, en una Casa que sus habitantes creen a la intemperie pero que sin embargo alberga la certeza de que siempre hay algo por decir, aún. Y mucho más en la zona sur, donde, como se sabe, las casas y los potreros son más grandes que el mundo, como el Banfield que Cortázar garabateaba desde París. «

* Berenice Corti es autora del recientemente publicado Jazz Argentino. La música “negra” del país “blanco” (Editorial Gourmet Musical). Se desempeña en el Instituto de Investigación en Etnomusicología de la Ciudad de Buenos Aires y como docente en la Facultad de Ciencias Sociales y el Conservatorio Manuel de Falla. Integra la Directiva de laAsociación Internacional de Estudios en Música Popular en su Rama Latinoamericana (IASPM-AL), y escribe artículos académicos y de divulgación en medios culturales del país y la región. Fue productora independiente de conciertos de jazz entre 1996 y 2005.

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